QUIERO PODER RESPIRAR

 

A vosotros,

¿Hoy, 22 de marzo, día de mi cumpleaños, debería ser un día especial para mí? no lo creo, pero quiero responder a vuestras sinceras —tácitas o expresas— felicitaciones con igual sinceridad y, por ello, voy a deciros mi verdad, toda la verdad de lo que siento y temo, y nada más que la verdad de lo que pienso.

Hoy está siendo un día como todos desde hace un año, triste y sin posibilidad de consuelo a pesar de vuestro cálido abrazo virtual. Un cumpleaños no significa nada sin calor humano y aún más sin el de ese maravilloso sol que algunos pretenden taparnos con un dedo. ¿Alguien recuerda ya lo que es caminar respirando con total libertad? Yo no.

Por eso quiero hablar de lo que nadie quiere ni pensar, cuando menos detenerse a leer o escuchar, y soy consciente de que pocos, muy pocos —probablemente solo vosotros—, llegaréis al final de este texto que, aunque intelectualmente sea bastante simple e ingenuo, nunca dejará de ser cercano, veraz y sobre todo humano.

En mi locura —Oh! Sí. Claro que la tengo, ya veréis…— conceptos como: exterminio, genocidio, magnicidio y palabras como: éxodo, ghetto, holocausto  o apocalipsis se quedan pequeños para el mundo que las cabezas más poderosas, respetables y bien pensantes de nuestra especie intentan imponer.

¿Qué más podría decir del no tan bien recibido, pero acatado y asumido nuevo orden mundial? Sin vosotros este confinamiento para mí sería insoportablemente aséptico y despiadado.

Y es que una no desconoce del todo quiénes son sus verdaderos amigos. A ellos —a vosotros— lanzo únicamente este grito:

Creo en un único Dios: mi ADN / DNA y, a pesar de los que se han ido y se seguirán yendo, quiero seguir confiando en mi sistema inmunológico y poder respirar.

¡Quiero Poder Respirar!

Por eso mismo, porque sé que no soy la única que ha visto los ojos de ese lobo, que conoce dónde se instaura el pánico social y que ahora sí teme el porvenir, quiero correr el riesgo de infectarme. ¿Me convierte eso en una negacionista, una paranoica más de la teoría de la conspiración, una seguidora del —no tan anónimo— Q-Anon? No, solo en un sujeto que desea con todo el alma recuperar su libertad y —repito— poder respirar.

Hoy, día de mi quincuagésimo cuarto aniversario, es decir, con más de medio siglo de existencia, prefiero el riesgo de contagio al mundo que se me plantea. Me siento robada, esclavizada, colectivizada y me niego a ser marcada como oveja de vieja lana en el rebaño… Con inmunidad, eso sí. ¿A qué? me pregunto. No conozco peor estado que el del miedo y eso en mi tierra de garbanzos se llama Terror. Los virus acompañan al hombre desde que es «hombre». ¿Quién fue quién consideró a ese «hombre» el peor virus del planeta? ¿Un genio o un loco? No me corresponde a mí decirlo, pero me niego a ser ínfima partícula de una masa informe y manipulada hasta la saturación; hasta fermentar lo necesario para servir de pan a ese ogro tan insaciable de poder que personifican quienes lideran sin fronteras.

Sí, hoy me siento especialmente despersonalizada, deshumanizada, y sí, definitivamente me temo que se está gestando un nuevo ejemplar de especie humana y es monstruoso; la muestra más fehaciente del deplorable engendro que del universo somos. En eso consiste mi locura.

Eso, amigos, es lo que supone cumplir años hoy. Tal vez ya no cumpla más como la persona que soy, la mujer en la que aún me reconozco, la que he sido hasta ahora y quiero seguir siendo: yo misma.

¿Qué le vamos a hacer? Hoy tengo miedo, como ayer, como anteayer y como todos los días desde hace un año…

A pesar de todo, aun sabiendo que ese deseo no me será cumplido, obrigada. A todos vosotros, un cariño y estima incondicionales y mil gracias por haberme hecho reír de nuevo, aunque la sonrisa no se me vea. Sois el sol y el aire que me falta.

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