FORMULADOS

(i∂-m) ψ = 0 > Una ecuación de interés:

La Ecuación de Dirac sorprende porque insta a amar. Así que hablemos de amor según la ecuación.

Es difícil para alguien de letras, como yo, hablar de matemáticas y más aún traducirlas a lenguaje literario, pero quiero intentarlo, porque estoy convencida de que es hora de que los de letras hablemos en lenguaje cuántico, para mí neotántrico. En sánscrito mi rasgo lírico esencial. Es decir, explicaré la ecuación según lo que a mí me sugiere, independientemente de la exactitud de los valores que otorgue a los diferentes factores que la misma contiene. Todo lo aquí expresado es pura invención. Ténganlo en cuenta, pues.

Tratar la ecuación como disciplina sexual es el yoga que, al parecer, se practica actualmente en Occidente. Nunca será mi religión ni filosofía. Si he de elegir, me quedo con el original en su sentido más metafísico: el  ku(ark)+(t)ánt(r)ico. Y en este sentido, he de decir que cada cruce sentimental que he tenido, independientemente de si ha sido moralmente aceptado, ha supuesto una vía de elevación e independencia espiritual, aunque en estos momentos me sienta como la diosa Kali enfrentando la pasividad de Shiva, como la Mahavidya más incomprendida.

En resolución…

¿i = individuo, identidad, inteligencia emocional?

¿∂ = deseo? Expresaría el ideal de belleza en su sentido más amplio y según el grado de satisfacción obtenido.

¿m = resistencia? Comprendería aquellas energías intelectuales y emocionales, propias y ajenas, que interfieren en negación.

¿ψ = fuerza? La más suprema y excelsa que conocemos.

¿0 = apego? Indicaría el remanente de pureza sentimental que mantenemos en cada interacción.

El resultado no puede ser más que la consecución lógica de ‘(∂ – m). Ahora bien, la fórmula permite dos variantes de análisis: la objetiva y la subjetiva

Contemplada la fórmula desde el lado más subjetivo, ‘∂  podría expresar también el conjunto de debilidades adquiridas por las vivencias de ‘i. En otras palabras, el historial que compendia la huella inconsciente de nuestra interacción social y romántica, y aquí el factor histórico individual sería fundamental.

Dado mi claro sentimentalismo, la ecuación en mi caso arrojará siempre valores desorbitados: el grado exacto de anhelo de todas esas personas que han impactado mi alma de tal manera que, cuando muera, quiero llevarme el recuerdo de sus espíritus conmigo, para nunca jamás perderles la pista o,  lo que en lenguaje filosófico y matemático es lo mismo: el gradiente de incapacidad para sentirse completo en un todo  y uno.

Contemplándola del lado más objetivo, nuestra resistencia a ‘ψ  debería presentar siempre valores  mínimos, pero no, no es así, porque con demasiada frecuencia dos seres que se aman con un grado de intensidad constante e inmutable acaban enajenados y separados… La clave tiene que estar cifrada en ‘m, desde luego, pero siempre en respuesta a ‘ψ   y quiero pensar que con una  finalidad superior de sentido común: el amor más incondicional que existe; el amor universal, para nosotros un logro todavía inconcebible.

Ese es el verdadero salto cuántico que plantea la fórmula. Quienes lo den, en verdad estarán habitando el Paraíso, el Cielo de nuestra Madre Tierra.

Por eso, experimentar la ecuación resulta tan intensamente estremecedor que se nos olvida el objetivo de la vida. Y, aunque hayamos sido ya «formulados», también sé por ello, que lo que aquí subscribo resultará tan enigmático como esta ecuación. No en vano la consideran la más bonita del mundo.

 

 

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