SILENCIANDO EL RELOJ

Un buen libro no deja indiferente a quien lo lee pues siempre evoca mucho más de lo que contiene. Si éste es el caso, la comunión será entonces perfecta; el tú y el yo en nosotros.

Comenzamos con esta frase porque hoy hemos rescatado de nuestra biblioteca un pequeño libro de contenido impactante: «Corrupción, indiferencia y cobardía: Los nuevos valores de una sociedad en crisis». Se trata de un libro que fue impreso en Santa Cruz De Tenerife en el 93 y que, probablemente, haya sido autopublicado por el autor, el abogado Pedro Ripol. En él denuncia de forma explícita los casos  más oscuros (23 procesos) con los que tuvo que lidiar, ya entonces, en la Administración de Justicia. Ripol nos aporta información  de la considerada sensible con tal profusión de detalles  que, de haberse promulgado la LO 15/1999, de 13 de diciembre de protección de datos de carácter personal seis años antes, seguramente habría tenido problemas para publicarlo.

Sin embargo, eso es lo que hace tan interesante la vida, que pase lo que pase siempre habrá un libro por hacer. Si encuentra su paginación arriba o abajo es asunto propio y eso es, precisamente, lo que convierte a las bibliotecas en santuarios. En ellas siempre hay un libro por recoger, pero si cambiamos su ubicación del frente al fondo es ya asunto colectivo porque lo podríamos perder.

Lo traemos a colación porque este valiente letrado luchó –no sin poner en grave peligro su carrera–  para destapar el bochornoso panorama de las dos Españas: «La Real y la Oficial» con esa velada complicidad de instituciones, medios de comunicación y –digámoslo claro– de la ciudadanía que todos ya conocemos. Con esta amarga pincelada, Ripol quiso denunciar el enraizamiento en nuestro país de unos valores –si es que se pueden llamar así- totalmente alejados del compromiso ético-moral y demostrar que «aquí también se practica la autocrítica y que no siempre triunfa la picaresca y se medra a costa de los demás».

Se trata pues de otro visionario desaparecido en los estantes de una biblioteca. El libro de un regeneracionista  reconocido de forma obligada 25 años después. Si hemos querido desempolvarlo ha sido porque estamos convencidos de que el ejercicio de la libertad de expresión no radica en la mera difusión, sino en la reverberación que ésta provoca. Hay una sutil diferencia entre la difusión de conocimiento y la de pensamiento. La difusión de conocimiento es continua, en cambio, la de pensamiento solo se produce por corriente alterna y este libro fue un verdadero toque de atención que deberíamos refrescar si queremos regenerar la vida social y espiritual del país y «dejar por fin de recibir lecciones».

No obstante, y aunque el libro lo merece, hemos decidido no insistir más de lo necesario. Es tan brutal el hartazgo que la sociedad española tiene ya con el «problema nacional» que preferimos utilizar una óptica diferente y abrir la panorámica del mismo a nuestra manera: siguiendo la canción.

La vida es puro teatro y, como sugiere Pérez Rincón¹, en la sociedad actual se precisan los papeles de histéricos, psicóticos y depresivos para explorar –suponemos– los derroteros del camino que nadie se atreve a transitar. Sin error no hay solución. Ya lo sabemos. Ahora bien, la única verdad que es totalmente inmutable y que por ello persiste es el sentido innato de progreso y, puesto que es el puro convencimiento lo que verdaderamente determina nuestro progreso, con este sentido y desde estos papeles hay que decir que es corrupción, indiferencia y cobardía –insistimos– la política de clientelismo impuesta desde arriba en connivencia social y gracias al enmudecimiento general por miedo a lo que nos pudiera pasar o, lo que es lo mismo, «soportar de forma  rastrera a las personas que son influyentes, ricas y poderosas por el beneficio que nos pudiera causar» (pág. 539 de oráculo obtenido en I Ching: El estancamiento).

Esto es el regeneracionismo que muchos consideran imposible. Puede que algunos hayan renunciado a él por agotamiento espiritual o por considerarlo una lucha perdida, pero es reconfortante saber que todavía hay aliento social para la denuncia y prueba clara da este libro custodiado por la red de bibliotecas universitarias (REBIUN).

Enseñando al reloj a ser silencioso

Se dice que la imaginación siempre va dos pasos por delante de la ciencia y es cierto, pero por prolífica que sea nunca superará a la Biología. Somos incapaces de crear nada que no responda o cumpla una ley biológica y es muy interesante observar el fenómeno desde la psicopatología social.

Desde este prisma, no hay buenas ni malas preguntas, pero sí preguntas sin respuesta y respuestas desacertadas. Por ejemplo, siempre nos hemos preguntado por qué los progenitores continúan refiriéndose a sus hijos como “el niño” o “la niña”, incluso pasados los 33 -–muerte de Cristo y, cual metáfora, punto de inflexión en la vida o al menos en la nuestra–. Obviamente, considerarlos adultos les envejece. Entonces, ¿qué sucede con los que nos lideran si el acceso de los jóvenes al control social ejecutivo implica claramente su decaimiento y cese?

Basta pues observar el núcleo familiar para deducir el comportamiento social. Ahora recordamos que en la oficina de empleo nos comentaron hace poco que las empresas habían empezado a demandar a personas de 40 años porque habían comprobado que los de 30 eran demasiado inmaduros. El dato es realmente significativo. Socialmente hablando, el remplazo generacional no es aceptado. Aunque los jóvenes estén ampliamente cualificados nunca serán adultos ni estarán suficientemente preparados para los empresarios y, quien dice empresarios, dice toda esa jerarquía inmovilista y prácticamente institucionalizada que dirige el país imponiéndoles malas prácticas sociales y  un arribismo profesional del todo amoral para conseguir llegar a ser «aptos» según la casuística  cívica señalada. En nuestra opinión, y salvando las honrosas excepciones que confirman la regla, claro está, se trata de una falta de respeto a las nuevas generaciones de la que nadie habla y que acabará pasando factura, si no lo está haciendo ya.

No les permitimos madurar aunque eso implique faltar a una ley biológica. Los hemos convertido en víctimas de la sociedad por su juventud cuando la regeneración está precisamente en ellos, y es curioso que ésto ocurra precisamente en unos tiempos en los que estamos obsesionados con no perderla. Sin meternos en el campo de la bioética, cinco minutos de publicidad y un documental sobre criónica y transhumanización con sus posibles fatales consecuencias son suficientes para percatarse de cómo la sociedad está incubado un modelo de vida totalmente comprometido con ella y contra ella. El objetivo no sólo es vivir más tiempo sino también mantenernos permanentemente jóvenes y este deseo nos está generando un gran conflicto: no vivir ni dejar vivir con dignidad. Sé de un conocido juego científico en el que al parecer se ha quedado nuestra gran búsqueda del elixir de la eterna juventud, el del pequeño dios.

Si ampliamos la panorámica veremos que en cualquier esfera el patrón se repite una y otra vez sin final aparente y la causa del problema siempre es la misma: el conflicto con una ley biológica cuando no su negación. Un claro reflejo de la neurosis social que padecemos. De continuar así las convulsiones se extenderán a lo más profundo del útero social y todos seremos infelices y nos sentiremos frustrados, si no lo estamos ya.

La nueva medicina alemana estaría en consonancia con esto, pues parten de la idea de que cualquier enfermedad es un conflicto biológico originado siempre por una experiencia traumática inesperada. La curación desde nuestro ángulo requiere, por tanto, reconocer primero el conflicto psicosocial generado para remediar el trauma original -el brote psicótico- que ha provocado esta crisis de valoresY a menos que la curación nos someta a un pánico generalizado y sea preferible cronificar la enfermedad -ésto es controlar la histeria colectiva a base de antipsicóticos y antidepresivos-, aplicar las 5 Leyes Biológicas de Hamer² a esta sinergia y malestar social exige afrontar el trauma de la juventud perdida y detener la metástasis social del narcisismo, acabando con el clientelismo y permitiendo el remplazo generacional al ritmo biológico que le es natural y, por ello, adecuado.

Pero sigamos escuchando el oráculo de nuestros ancestros:

«La indiferencia y la inercia que ha conducido a este estado de corrupción debe ser reemplazado por la  decisión  y la energía  (del compromiso individual, claro), a fin  de que un nuevo comienzo pueda suceder a la terminación de tal (lamentable) estado (de valores)» .

Wilhem, R.  (2006): I Ching: el libro de las mutaciones:  signo 18, KU / El trabajo en lo echado a perder, Dictamen, pág. 155,  (con prólogos de C.G. Jung, Wilhem y poema de Jorge luis Borges), Buenos Aires, Edhasa.

Curiosamente, la palabra sigue siendo «regeneración», esto es voluntad para ello, y también la ostentan los jóvenes, ya que –inmaduros o no– son los que verdaderamente poseen esa decisión y energía.

En suma, el futuro es infinito en posibilidades y del pasado qué decir,  que pasado está ¿verdad?  No es tan simple. Como dicen por ahí sólo está pisado. El presente, nos guste o no, siempre es pasado; recuerdo de un tiempo fugitivo que anhelamos recuperar, que deseamos olvidar o tan solo comprender.

Es como si nos hubiéramos contagiado de esa apatía proustiana que consigue detener el reloj. Podemos seguir dormidos para silenciarlo y estancar, congelar o resumir nuestras vidas en alguno de los eternos pasajes de la inmensa obra de este autor, pero un pueblo –un hombre– que siembra corrupción, indiferencia y cobardía sólo recogerá estancamiento, miseria e histeria. Es ley de vida. No lo olvidemos.

Así pues, ¿apelamos a nuestro sentido social más biológico, el común, y afrontamos la curación de forma unánime, seria y serena, corrigiendo con rectitud interior lo que buenamente podamos en el propio ámbito de actuación o aceptamos la cronicidad y que cada uno siga mirando hacia otro lado?


¹en http://bibliotecadigital.ilce.edu.mx  

²v. SDH, Síndrome de Dirk Hamer en https://evolucionconsciente.org

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